Perder con Mayweather Jr. trajo al "Canelo" hasta aquí

LAS VEGAS, Nevada (cobertura especial).- Las derrotas son casi siempre estimadas más de la cuenta en el boxeo. Es un deporte cruel y casi implacable en este sentido. Con frecuencia se cierra y se condenan carreras tras pocas caídas. Es seguramente la disciplina más rigurosa en ese aspecto, porque ni en las artes marciales mixtas perder es tan poco perdonado. 
 
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El 14 de septiembre de 2013, cuando contaba con apenas 23 años de edad, el mexicano Saúl “Canelo” Álvarez (49-1-1, 34 nocauts) se enfrentó a Floyd Mayweather Jr. y perdió de manera estrepitosa. Aquello fue humillante para ser honestos y evitar eufemismos. Canelo llegaba a ese combate con una experiencia de 43 peleas, pero sin la sagacidad y sapiencia que dan los años y sí, en algunos casos las tan temidas derrotas.
 
 
Antes de enfrentar a Mayweather, el tapatío no se había medido ante competencia de verdad respetable. Tal vez haya sido Austin Trout la excepción de ese argumento, pero tampoco Trout era del nivel de Mayweather. Y bueno, nadie es de la altura de Floyd. Pero aparte de Trout el Canelo peleó contra nombres que ya cuesta recordar como Josesito López, Kermit Cintrón, Alfonso Gómez, Ryan Rhodes, Matthew Hatton y hasta José Miguel Cotto, quien tristemente será siempre recordado como “el otro Cotto” o “el Cotto que no era tan bueno”. 
 
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Canelo y su equipo terminaron admitiendo que había sido un atrevimiento gigante poner al muchacho de tú a tú con el mejor libra por libra del momento. Hay un pasaje en esa pelea en el que Canelo trata de asestarle un volado de derecha y Mayweather siendo Mayweather, no sólo lo esquiva y provoca que abanique el aire, sino que se mueve hacia un lado y antes de que Canelo se recupere le saca la lengua. Como en casi todas sus peleas, Floyd se movía a otra velocidad. 
 
 
Aún siendo tan grande la diferencia, es esa pelea la que define el inicio de la mejor etapa en la carrera de Álvarez. Esa espina con tamaño de sable encendió un fuego en el joven de Guadalajara que no ha parado de flamear desde entonces. 
 
Canelo le ganó a Alfredo Angulo por KO técnico, luego a Erislandy Lara por decisión dividida, James Kirkland por nocaut, Miguel Cotto por decisión unánime, Amir Khan por espectacular nocaut, Liam Smith también por KO y finalmente a Julio César Chávez Jr. en mayo de este año. Todos esos rivales fueron de mejor nivel que los anteriores, incluyendo a Chávez Jr., quien inexplicablemente no fue a pelear esa noche, sino a ganarse el dinero fácil.
 
 
Dejó de tener problemas más allá del cuadrilátero también el Canelo, se acabaron los dramas antes de los pasajes y también un poco menos de ruido con las novias de televisión. En definitiva, perder con Mayweather prendió la motivación y provocó un ascenso, una especie de graduación. Vio el Canelo esa noche ante Mayweather cosas que no conocía del deporte que le ha dado su modo de vida. 
 
Ahora contra Gennady Golovkin (37-0, 33 nocauts), dueño de cuatro títulos del peso mediano (160 libras) encuentra el Canelo el reto más difícil de su carrera. Tal vez lo dijo cuando se midió a Khan o Cotto o Smith, pero en realidad nadie luego de Mayweather le atinaba tanto a esa frase de rival más difícil como el GGG. Y Canelo lo sabe, por eso hizo el campo de entrenamiento más intenso de su carrera.
 
 
Es ese odio a la derrota lo que impulsa a los boxeadores y el de Guadalajara tiene desarrollada esa parte un poco más que el promedio. 
 
Resulta irónico, pero si gana, desde algún sitio recóndito de su alma o desde su subconsciente deberá Canelo agradecerle a Mayweather. 
 

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